Hoy vamos a hablar sobre cómo usted y yo podemos ayudar a transformar la actitud, el comportamiento y las acciones de un colaborador; cómo podemos impulsarlo a aceptar el cambio como lo que es: una oportunidad para aportar a la empresa, para consolidarse, e incluso para desarrollarse y surgir como una persona positiva y contributiva. Así que ojalá tenga papel y lápiz a la par para que tome notas, o al menos que se concentre en interiorizar los conceptos que compartiremos con usted hoy.
Vamos a emplear una analogía. Vamos a hablar inicialmente de una máquina. Pero como lo advertimos, es sólo una analogía. Obviamente las personas bajo nuestro cargo no son máquinas, ¡en eso los jefes estamos de acuerdo! Pero sí es un hecho que los ejemplos y las analogías nos ayudan a comprender mejor algunos conceptos, ¿verdad?
Bueno, pues imagínese que usted es el responsable de la producción de una fábrica, y que tiene máquinas asignadas. Todas las máquinas deben producir, digamos, 200 unidades por hora. Pero hay una por ahí que está produciendo por debajo de eso: sólo está rindiéndonos 120 unidades por hora. ¿Cuál es su responsabilidad como encargado de esa máquina? ¡Por supuesto! ¡Ver cómo hace para ponerla a producir al cien por ciento de su capacidad! Si usted no lo hiciera, estaría incumpliendo una de sus responsabilidades primarias hacia la empresa, pues estaría permitiendo que la productividad no fuera la óptima. Entonces usted, como buen técnico, procedería a calibrar la máquina... y la dejaría produciendo 200 unidades por hora como las demás.
Hasta ahí vamos bien. Pues permítanos ahora asegurarle que lo mismo pasa cuando tenemos entre nuestro equipo humano a algún colaborador que, por alguna razón, no está produciendo o desempeñándose de acuerdo con lo esperado. Su responsabilidad sería “calibrar” a ese compañero y, con el mejor método, ponerlo en un estado ideal para la organización.
Con la máquina usted procedió a calibrarla, es decir, a cambiarla de un estado equis, a un estado “ideal”. Igual puede hacerlo con el colaborador.
Pero no es tan fácil, me dirá usted, porque ya acordamos que el colaborador es un ser humano y no una máquina. ¡Correcto! No es igual de fácil que con la máquina, pero sí es totalmente posible modificar la actitud, el comportamiento y las acciones de una persona, si lo hacemos de manera correcta, con la metodología adecuada, y con el nivel de ética y de responsabilidad necesarios. Le puedo asegurar que ayudar a cambiar a una persona, es totalmente posible, si usted se propone hacerlo... como se debe.
Permítanos resumirle diez pasos clave que todo jefe puede emplear, para ayudar a transformar a un miembro de su equipo. Y vea que decimos “ayudar a transformar” y no “cambiar”, porque nosotros sólo somos los “directores técnicos”, los “facilitadores”, pero es la persona la que debe cambiar. El cambio no puede darse por decreto. El cambio es un asunto intracraneal, que debe ser “vendido” a nuestra gente por medio de la persuasión y el convencimiento.